Mi Testimonio

¿Quién Soy?
No sé cuántas veces me pregunté: ¿quién soy? No sé cuántas veces me miré en el espejo sin dejar de repetirme lo mismo: ¿quién soy? Día y noche me hacía la misma pregunta.

Sin poder entender mi identidad… Era una lucha interna que día tras día me tenía cautiva.

Mi mente y mis emociones estaban convencidas de que yo no era nadie pues era una mujer con una autoestima distorsionada, sin valor y cada día me sentía que mi vida no tenía sentido. Cada vez que me miraba en el espejo, éste de reía de mí.

Esta situación la experimenté por muchos años, yo sé lo que es vivir con una autoestima distorsionada.

Yo sé lo que es vivir teniendo una estima propia en cero, bien por debajo del nivel que le corresponde a una alfombra. Durante muchos años me estuve mirando en un espejo equivocado. Era un espejo que reflejaba todos mis defectos y debilidades pues era una mujer afligida de espíritu con muchos conflictos y luchas internas. La confusión en mi mujer interior y física cada día me llevaba más y más a hundirme en una depresión severa. Mi vida era una pesadilla continua. Las inseguridades, la duda de mí misma y los temores me impedían alcanzar mi destino y el potencial completo en Cristo. Nunca pensé que Dios tenía un destino para mi vida. Un destino y un futuro maravilloso y excelente.

Sin poder entender que de todas las posibles imágenes del mundo que tenemos en nuestra mente, la más importante es aquella que tenemos de nosotras mismas. Esa auto-imagen es la médula de nuestra personalidad, el punto de partida, el primer paso, y el esencial, para alcanzar nuestras metas. Una buena autoestima nos impulsa a actuar, a seguir adelante y nos motiva para perseguir nuestros objetivos.

Ahora, ¿qué es la baja autoestima?
Podemos definirla como el sentimiento de aceptación y aprecio hacia uno mismo, que va unido al sentimiento de competencia y valía personal. El concepto que tenemos de nosotras mismas no es algo heredado, sino aprendido de nuestro alrededor, mediante la valoración que hacemos de nuestro comportamiento y de la asimilación e interiorización de la opinión de los demás respecto a nosotras. Nuestra autoestima es la fotografía interna que llevamos de nosotras mismas. Es tener una imagen propia en la cual reflejamos cómo nos valorizamos.

Es necesario aprender la manera de salvaguardar nuestra auto-imagen y así poder mejorarla. Yo era lo que pensaba de mi misma. Así lo afirma la Palabra en Proverbios 23:7: “cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él.” No hay duda de que nuestro exterior es el reflejo de nuestro interior, aunque tratemos de disfrazarlo de distintas formas. En otras palabras, somos el producto de nuestros pensamientos. Una persona desordenada por fuera, es el resultado de su desorden interior. Su estado físico, es la consecuencia de su estado mental. Su rostro es el reflejo del estado de su alma. En nuestro interior es donde se han formado los valores, la autoestima y las intenciones. Es ahí donde mantenemos comunión con nuestro Padre Celestial y es así que se va moldeando nuestra autoestima y nuestro carácter.

Si nuestra autoestima está distorsionada, desafortunadamente vamos a experimentar frustraciones, inseguridades y temores. Las personas que son inseguras acerca de sí mismas sufren en su mente, en sus emociones, al igual que en su vida social tanto así como en su vida espiritual.

Un día leí en Eclesiastés 3:11 donde dice que Dios todo lo hizo hermoso en su tiempo y en Génesis 1:31 donde me decía que Dios vio todo lo que había hecho y que era bueno. Eso me puso a pensar y dije: «espérate, yo fui creada por Dios y Él dijo que todo lo que creó era bueno en gran manera». Dije: «wow, yo estoy incluida en esa creación». Eso quiere decir que fuimos creados a su imagen y semejanza. Yo soy el reflejo de su gloria. Entonces esto significa que nosotros representamos a Dios en esta tierra como su propia imagen.

Termino con esto: Es importante que aprendas a valorizarte y a verte tal como Dios te ve. Tienes que reconocer que tienes mucho valor. Comprende que vales más que el oro y que la plata. El punto clave de todo esto es que, sin importar tus circunstancias y lo que te rodea, tú vales, ¡y vales mucho! Eres una Hija de Dios y por eso, como ninguna otra obra de la creación, ¡tú tienes mucho valor! Eres un ser digno de amor, respeto, confianza y de todo lo bueno que hay en esta vida. Tienes derecho a buscar la felicidad y a ser feliz. Eres de gran estima a los ojos de Dios.

Proverbios 31:10 expresa, al referirse al valor de una mujer virtuosa, que éste “sobrepasa largamente a las piedras preciosas”. No olvides que Jesús pagó un gran precio por ti en la cruz del Calvario.

Oro al Todopoderoso que mi testimonio sea de gran bendición para tu vida y que así como yo me pude levantar, tú te puedas levantar.

Mujer de Dios, levántate y resplandece porque ha llegado tu luz y la gloria de Dios está sobre tu vida.

Con mucho cariño y amor
Atentamente tu amiga y pastora, Awilda Candelario
Senior Pastor

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